Es lamentable cuando piensas que la llama de tu alma se ha apagado, cuando crees que ya nada tiene sentido. Cuando sientes que vivir con la angustia que te carcome el corazón es imprescindible, por lo menos para sentir algún sentimiento. Si al principio de la vida aprendiste a amar a esa persona más que a nada en el mundo, es justo que ahora que sientes que tu vida se acaba, aprendas a odiar sin ningún remordimiento. No existe el miedo, ni la desesperación, sólo odio y rabia por no haber sabido aprovechar esos momentos que realmente importaron, momentos que ahora recuerdas con nostalgia, porque sabes que ya no volverán.
Sin duda, he desperdiciado mi vida y ya no hay vuelta atrás que dar. Ya no existe nada porque respirar, no hay nadie por quien suspirar, no me animo con las cosas que antes me causaban alegría, las ignoro como a los gritos que a diario escucho en el mundo, como a ese sentimiento que alguna vez sentí y que ahora es sólo un recuerdo dentro de mi humanidad. Esta es mi realidad, y la acepto como tal, no quiero apoyo, ni ayuda para superar las cosas, sólo quiero dormir y soñar, con mi familia, mis hijos, amigos, con ella, en un mundo donde todo sea distinto, donde no exista yo.
Colaboración de Charlie
Chile
